domingo, 15 de septiembre de 2013

Capítulo 2.

Llego a casa media hora más tarde de que termine el instituto, a pesar de que no he ido a clases. Mamá no va a enterarse. Realmente, mamá hace tiempo que no presta la menor atención a mis cosas. A veces pienso que ya no soy tan importante en su vida como debería. 
- ¿Cómo ha ido el día? - Pregunta sin levantar la vista de los cientos de folios que tiene sobre la mesa. Será algo de la maldita boda, seguro. 
- Como siempre. - Sonrío a pesar de que no me está mirando y subo a mi habitación. 
Tiro la mochila al suelo, cierro la puerta de una patada y me tumbo bocabajo en la cama. "Como siempre", mamá cree que eso es bueno, pero se aleja mucho de serlo. Nunca ha sido bueno, pero desde que entró Alexander en su vida nada más importa, y menos desde que se van a casar. Llevan seis meses preparando la fantástica boda que se celebrará en dos semanas. Yuhu. Nunca aceptaré a Alexander como mi padre. Me niego.
- En dos semanas es la boda, ¿no estás emocionada? - Pregunta mi madre durante la comida. 
- No. - Digo revolviendo el plato. - No voy a estar en la boda, mamá. 
- ¿Cómo que no? Eres mi hija y tienes que estar. 
- La primera vez que te casaste no estuve. - Digo con total naturalidad. 
- No habías nacido. 
- ¡Qué pena! - Ironizo. - Imagínate que ahora tampoco, porque no iré. 
- Avril Elisabeth Evans, irás... 
- Mi apellido es Lowell. - Grito. - No pienso cambiarme el nombre. 
- En cuanto nos casemos, seremos la familia Evans. 
- Él nunca será mi padre. - Me levanto mosqueada. - Mi padre...
- Tu padre nos abandonó, Avril. - Eso me duele. Es cierto, papá se fue por mi culpa. - Tu padre era un cabrón. 
- ¿Y quién te dice que tu queridísimo Alex no lo es? 
- Pensaba que te gustaba...
- Que fuera tu novio me daba igual, que intente meterse en mi familia, en mi casa, y pretenda ser mi padre no. Acéptalo, no iré a la boda. 
Dejo el comedor y subo corriendo las escaleras. Desde que sé que se van a casar la relación con mi madre ha desmejorado mucho. Demasiado. Discutimos todos los días, nos gritamos... Pero es que no hay un maldito día en el que no se hable de la boda. 
Me pongo un cojín en la cara y ahogo un grito. En ese momento mi móvil se ilumina y vibra sobre la cama. Es un mensaje. 
"Quiero verte. - Tristan"
"Mira tú qué bien... Yo quiero un poni, pero eso tampoco va a ser posible. - A."
"Estoy en tu balcón, abre la ventana. - T."
Cuando aparto la cortina pongo mala cara, no creo que haya tenido el valor de venir hasta aquí. 
"Déjame entrar". Lleva un cuaderno en la mano, sabía que no iba a hacerlo. En el fondo no era tan tonto. 
"Vete", vocalizo. Él pasa una hoja. 
"Romperé la ventana..." Eso me hace gracia. Busco un cuaderno y escribo.
"No hay huevos." Él sonríe, deja el cuaderno en el suelo y se enrolla la chaqueta en el codo dispuesto a atravesarla.
- ¡Para! - Grito y sonríe triunfante cuando me acerco a abrir la ventana. Oigo a mi madre subir las escaleras. Supongo que viene a ver a qué venía mi grito. - Metete bajo la cama inútil. - Tristan me hace caso y se mete justo cuando mi madre abre la puerta. 
- Avril... - Murmura. - ¿Qué ha sido ese grito? 
- El ordenador me estresa...- Miento. Espero que no se dé cuenta de que está apagado. - Va mal a veces, ya sabes. 
- Ya.. - Se sienta en la cama. Si supiera que Tris está debajo me mataría. Error. Nos mataría. - Sé que no puedo obligarte a que quieras a Alex, pero quiero que vengas a la boda... Por favor, tienes que estar ahí... Eres mi hija. - Ruedo los ojos y suspiro. 
- Está bien..., iré. - Mi madre sonríe, me da un beso en la mejilla y se va. Me tumbo sobre la cama olvidándome por completo de que Tris está debajo. 
- ¿Puedo salir ya? - Susurra sacando la cabeza y mirándome. 
- No. - Hace una mueca, pero sale, y saca una caja con él. Oh no. - ¿Qué es esto? 
La abre. En esa caja guardé todas nuestras fotos, los regalos que me hizo, los CDs que me regaló... Todos nuestros recuerdos estaban en esa maldita cama, enterrada bajo a mugre de debajo de mi cama. Y él ha venido a desenterrarla. Mira todas las fotos una a una y sonríe
- ¿Te acuerdas de este momento? - Me enseña una foto que nos hicimos en la feria. Nos compramos un algodón de azúcar más grande que nosotros dos juntos y él llevaba toda la boca y la lengua rosa. - Lo pasábamos bien juntos. 
- ¿Qué quieres Tristan? - Le quito las fotos, las guardo y vuelvo a meter debajo de la cama. 
- ¿A mí no me metes en la caja? 
- A ti te metería en otra más grande, y bajo tierra. - Hago una mueca y él la imita. - Repito: ¿qué quieres?
- ¿Tengo que querer algo para venir a verte? Antes lo hacía constantemente. 
- Antes. - Suspira y por fin habla. 
- ¿Te gusta James?
- ¿Qué?
- Que si te gusta James.
- Eso no es problema tuyo. 
- Sí, sí lo es. 
- Ah, ¿y eso por qué? 
- Por esto. - Se acerca a mí y me besa. 

martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 1.

Hace aproximadamente 6 meses.
 
Hoy vamos a cenar con Tris y su padre. Sonrío triste al pensar que tendremos que fingir que no estamos juntos, pero no es lo apropiado cuando nuestros padres también lo están. 
 
Mamá ha ido a la compra, y me ha dejado a mí al cargo de limpiar, recoger y preparar la casa antes de que vengan. Cuando vuelve, yo estoy terminando de poner la mesa, y me pide que le ayude a preparar la cena. Está muy nerviosa, demasiado diría yo, para que solo sea una cena más. 
 
- ¿Mamá, estás bien?
 
- Sí, ¿por? - El horno huele a quemado y hago una mueca. - Mierda, mierda, mierda. - El asado se ha quemado un poco, pero aun parece comestible. - ¡No puedo darles esto para cenar! 
 
- Tranquila, todavía podemos pedir unas pizzas. - Me fulmina con la mirada. - Era broma. Podemos... - Me pongo a pensar y recuerdo que la semana pasada congelé unos cuantos filetes de pechuga. - ¡Pechuga! - A mamá se le iluminan los ojos y sonríe.
 
- ¿Será suficiente? 
 
- Ya sabes que no hay que cenar demasiado... - Me encojo de hombros. - Pero prepararé una ensalada, si te quedas más tranquila. 
 
- Gracias Avril, tiene que salir todo perfecto. 
 
- ¿Mamá, qué es eso que te tiene tan preocupada? 
 
- Nada... 
 
- No parece "nada". - Pero ya no me contesta. 
 
Cuarenta minutos más tarde llegan nuestro invitados y mamá baja a abrir la puerta con un vestido impresionante, lo que me resulta extraño. No vamos a salir..., nos quedamos en casa. 
 
- Estás muy... guapa. - Murmuró antes de que abra. Sonríe y abre la puerta. Alexander también va arreglado. Tris y yo nos miramos extrañados entre nosotros. Ambos llevamos vaqueros, zapatillas y una camiseta de manga corta, nada demasiado formal. 
 
Durante la cena, nadie habla. La conversación es raramente escasa y empiezo a sentirme algo incómoda. Alguna mirada que nos escapa entre Tris y yo, pero evitamos que sean las mínimas. 
 
Alexander carraspea y mira a mamá. 
 
- Victoria, creo que ha llegado el momento. - Mi madre se sonroja y asiente. - Chicos, Victoria y yo, vamos a casarnos. 
 
Tris escupe el agua que estaba bebiendo, y yo dejo sobre el plato el trozo de pechuga que iba a meterme en la boca. De repente se me ha quitado el hambre. 
 
[...]
 
- No pueden casarse. - Murmuro algo nerviosa. 
 
- Avril... 
 
Tris y yo estamos en un parque alejado de nuestro barrio, donde siempre. Aquí nadie nos conoce, no puede
juzgarnos. Vamos a ser hermanastros.
 
- Avril ¿qué? - Me falta el aire, no puedo creer que esté pasando esto. - Sabes lo que eso significa. - Le miro y asiente, bastante entero para mi sorpresa. 
 
- Lo siento... - Se da la vuelta y se va. 
 
¿Cómo que "lo siento"? ¿Ya está? ¿Se ha terminado?
 
Ahora.
 
Desde entonces Tris solo se ha dedicado a tratarme mal, menos cuando estamos todos juntos. Entonces soy yo la que no le dirige la palabra. Mamá se pregunta porqué he cambiado tanto desde que dijeron que iban a casarse, y es que desde ese momento odio a los Evans, y no tengo ningún problema en hacerlo notar. 
 
No estoy muy lejos del instituto, solo he andado unos pasos hasta encontrar un sitio en el que poder estar sin riesgo a que ningún profesor me pueda ver. Pero por precaución me pongo la capucha y me encorvo abrazando mis piernas. Ni siquiera quiero llorar. Lo veo todo tan surrealista. Ha pasado de tratarme como una princesa a tratarme como si no valiera nada. Le odio. 
 
A la hora del recreo alguien me encuentra. Es James. 
 
- Sabía que estarías aquí. 
 
James es el único que no se ha metido nunca conmigo, pero tampoco puedo considerarlo mi amigo. James es... simplemente James. Es rubio, pero de un rubio más oscuro que Tris, tiene los ojos claros y una increíble sonrisa. Parece buen chaval, a pesar de que esté en la banda de Tris junto a Brad y Connor. Ahogo una risita. Ilusos.
 
- ¿Vienes a insultarme tú también? ¿Te manda Tris? - Pregunto sin mirarle. 
 
- Jamás haría eso. - Va a continuar hablando cuando aparecen los otros tres. Qué genial. Hasta la ironía ataca mis pensamientos. 
 
- ¿Qué haces hablando con la mocosa, James? - Pregunta Tris con tono de burla, pero cuando me doy la vuelta está fulminando a James con la mirada hasta que es consciente de que le estoy mirando. 
 
- ¿Por qué no me dejáis en paz todos? - Pregunto lenvantándome dispuesta a irme, pero ninguno de los tres tiene intención de dejarme pasar. - ¿Os hacéis a un lado u os hago yo? - Los tres ríen. 
 
- Inténtalo. - Me reta Connor. 
 
- ¿Sabéis? Por que seáis una banda de mierda, a la que apenas conocen no os da derecho a tratar mal a los demás. 
 
Me doy la vuelta y me voy por otro lado. Es mentira, son bastante buenos, e incluso Tris sabía que me gustaba su música, pero yo también sé hacer daño. Pronto me doy cuenta de que Tris, solo él, me está siguiendo, hasta que me agarra del brazo y me da la vuelta. 
 
- ¿Por qué te metes con nuestra música? - Gruñe. 
 
- Tengo el mismo derecho que tú de meterte conmigo. 
 
- Sabes lo que significa para mí. 
 
- Y tú sabes que no tenéis futuro. - Espeto. - Abre los ojos Tristan, no vais a conseguir nada. 
 
- Prometiste que siempre me ibas a apoyar en esto. - Murmura dolido. 
 
- Tú me prometiste muchas otras cosas, y no has cumplido ninguna. 
 
- Eso es mentira - contesta apresurado -, te prometí luchar por mi sueño y no he dejado e hacerlo. - Sonríe satisfecho. 
 
- Vete a la mierda. - Me doy la vuelta y me voy. 

Simplemente abrázame.

Todos los malditos días igual. «Enana», «Mocosa», «Gnomo de jardín». Esos y otros apodos me acompañan desde que empecé el instituto. 


Es posible que sea algo bajita para mi edad, pero medir 1.55 tampoco está tan mal, ¿no? No es culpa mía que ellos sean tan altos.
A decir verdad, me gusta mi estatura. Si no fuera porque todos se metían conmigo.
 
Es un día normal. La rutina de siempre. Pasillos, insultos y a clase. A veces me gustaría ser invisible. Y más ahora mismo.
 
Se acercan Tristan y sus amigos. No, por favor. No tengo ganas de aguantarles.
Intento mirar para otro lado y pasar desapercibida, pero ellos me han visto y no van a perder la oportunidad de dejarme en evidencia.
 
Brad me pone la zancadilla y acabo de bruces contra el suelo. Maravilloso. Todos a mi alrededor ríen. Estoy tan cansada...
 
- A parte de enana, torpe. - Se burla Tris. Me pongo de pie como puedo y le miro fijamente.
 
- Te has vuelto un completo idiota. - Gruño antes de salir corriendo.
 
Voy a saltarme las clases un día más. Ya no lo aguanto. Me da igual cualquier desprecio. Pero no el de Tris. No el de la persona de la que estaba enamorada. No el de mi hermanastro.

sábado, 10 de agosto de 2013

¡Hola blogger!

Este blog ha sido creado por y para entretener.

Somos un grupo de chicas que adoramos a esta banda y para hacerles un homenaje hemos decidido crear este blog donde subiremos fotos, textos, canciones y hasta un fanfic más adelante. 

Si has llegado hasta aquí síguenos hombre, que no te cuesta nada.

Un saludo.