Llego a casa media hora más tarde de que termine el instituto, a pesar de que no he ido a clases. Mamá no va a enterarse. Realmente, mamá hace tiempo que no presta la menor atención a mis cosas. A veces pienso que ya no soy tan importante en su vida como debería.
- ¿Cómo ha ido el día? - Pregunta sin levantar la vista de los cientos de folios que tiene sobre la mesa. Será algo de la maldita boda, seguro.
- Como siempre. - Sonrío a pesar de que no me está mirando y subo a mi habitación.
Tiro la mochila al suelo, cierro la puerta de una patada y me tumbo bocabajo en la cama. "Como siempre", mamá cree que eso es bueno, pero se aleja mucho de serlo. Nunca ha sido bueno, pero desde que entró Alexander en su vida nada más importa, y menos desde que se van a casar. Llevan seis meses preparando la fantástica boda que se celebrará en dos semanas. Yuhu. Nunca aceptaré a Alexander como mi padre. Me niego.
- En dos semanas es la boda, ¿no estás emocionada? - Pregunta mi madre durante la comida.
- No. - Digo revolviendo el plato. - No voy a estar en la boda, mamá.
- ¿Cómo que no? Eres mi hija y tienes que estar.
- La primera vez que te casaste no estuve. - Digo con total naturalidad.
- No habías nacido.
- ¡Qué pena! - Ironizo. - Imagínate que ahora tampoco, porque no iré.
- Avril Elisabeth Evans, irás...
- Mi apellido es Lowell. - Grito. - No pienso cambiarme el nombre.
- En cuanto nos casemos, seremos la familia Evans.
- Él nunca será mi padre. - Me levanto mosqueada. - Mi padre...
- Tu padre nos abandonó, Avril. - Eso me duele. Es cierto, papá se fue por mi culpa. - Tu padre era un cabrón.
- ¿Y quién te dice que tu queridísimo Alex no lo es?
- Pensaba que te gustaba...
- Que fuera tu novio me daba igual, que intente meterse en mi familia, en mi casa, y pretenda ser mi padre no. Acéptalo, no iré a la boda.
Dejo el comedor y subo corriendo las escaleras. Desde que sé que se van a casar la relación con mi madre ha desmejorado mucho. Demasiado. Discutimos todos los días, nos gritamos... Pero es que no hay un maldito día en el que no se hable de la boda.
Me pongo un cojín en la cara y ahogo un grito. En ese momento mi móvil se ilumina y vibra sobre la cama. Es un mensaje.
"Quiero verte. - Tristan"
"Mira tú qué bien... Yo quiero un poni, pero eso tampoco va a ser posible. - A."
"Estoy en tu balcón, abre la ventana. - T."
Cuando aparto la cortina pongo mala cara, no creo que haya tenido el valor de venir hasta aquí.
"Déjame entrar". Lleva un cuaderno en la mano, sabía que no iba a hacerlo. En el fondo no era tan tonto.
"Vete", vocalizo. Él pasa una hoja.
"Romperé la ventana..." Eso me hace gracia. Busco un cuaderno y escribo.
"No hay huevos." Él sonríe, deja el cuaderno en el suelo y se enrolla la chaqueta en el codo dispuesto a atravesarla.
- ¡Para! - Grito y sonríe triunfante cuando me acerco a abrir la ventana. Oigo a mi madre subir las escaleras. Supongo que viene a ver a qué venía mi grito. - Metete bajo la cama inútil. - Tristan me hace caso y se mete justo cuando mi madre abre la puerta.
- Avril... - Murmura. - ¿Qué ha sido ese grito?
- El ordenador me estresa...- Miento. Espero que no se dé cuenta de que está apagado. - Va mal a veces, ya sabes.
- Ya.. - Se sienta en la cama. Si supiera que Tris está debajo me mataría. Error. Nos mataría. - Sé que no puedo obligarte a que quieras a Alex, pero quiero que vengas a la boda... Por favor, tienes que estar ahí... Eres mi hija. - Ruedo los ojos y suspiro.
- Está bien..., iré. - Mi madre sonríe, me da un beso en la mejilla y se va. Me tumbo sobre la cama olvidándome por completo de que Tris está debajo.
- ¿Puedo salir ya? - Susurra sacando la cabeza y mirándome.
- No. - Hace una mueca, pero sale, y saca una caja con él. Oh no. - ¿Qué es esto?
La abre. En esa caja guardé todas nuestras fotos, los regalos que me hizo, los CDs que me regaló... Todos nuestros recuerdos estaban en esa maldita cama, enterrada bajo a mugre de debajo de mi cama. Y él ha venido a desenterrarla. Mira todas las fotos una a una y sonríe
- ¿Te acuerdas de este momento? - Me enseña una foto que nos hicimos en la feria. Nos compramos un algodón de azúcar más grande que nosotros dos juntos y él llevaba toda la boca y la lengua rosa. - Lo pasábamos bien juntos.
- ¿Qué quieres Tristan? - Le quito las fotos, las guardo y vuelvo a meter debajo de la cama.
- ¿A mí no me metes en la caja?
- A ti te metería en otra más grande, y bajo tierra. - Hago una mueca y él la imita. - Repito: ¿qué quieres?
- ¿Tengo que querer algo para venir a verte? Antes lo hacía constantemente.
- Antes. - Suspira y por fin habla.
- ¿Te gusta James?
- ¿Qué?
- Que si te gusta James.
- Eso no es problema tuyo.
- Sí, sí lo es.
- Ah, ¿y eso por qué?
- Por esto. - Se acerca a mí y me besa.
